martes, 16 de febrero de 2010

Michael Moorcock cumple 70 años ( V, antología de textos y algunas vivencias )

Este que veis aquí arriba es Gaynor el Maldito, uno de los mejores personajes secundarios de su autor. Su ser ha quedado destruido por el Caos, no es ya sino una masa inestable que únicamente se sostiene blindada en su armadura, que es su andamiaje y su única forma corpórea. Su yelmo jamás se abre, sólo se atisban sus ojos tras el visor. Aparece por primera vez en los libros de Corum, y reaparece como todo un gran personaje narrativamente desarrollado en La venganza de la Rosa, donde acompaña a Elric en sus andanzas, aunque para pronto competir y enfrentarse con él. El príncipe de los condenados, como también se le denomina, es un ser atormentado que transita por los mundos invocando una muerte que no puede aniquilarle, sirve al Caos y al mismo tiempo lo cuestiona y se sabe su víctima. En las últimas novelas dedicadas al príncipe albino, aún no publicadas en España, Gaynor reaparece en pleno siglo XX como el mayor de las SS Gaynor Von Minct. Me encontré con el príncipe de los condenados por primera vez cuando era niño, (¡traumático encuentro!) en un cómic de “Conan el bárbaro” en el cual Elric y su mundo protagonizaban una aparición especial.

Ahora apenas albergo dudas de que Gaynor, aparecido por primera vez en público en 1971, es el modelo directo de Darth Vader (1ª aparición pública en 1977). En esta genial viñeta de Barry Windsor Smith se presentaba al personaje. Se nos muestra encajado, atrapado entre las exclamaciones de aquellos a quienes ataca, el bocadillo con sus propias palabras, el revuelo de su pesada capa, la maza que empuña, y una sección de su escudo donde exhibe las ocho flechas divergentes que son el emblema del Caos.

A la novela La venganza de la Rosa (1991) pertenece este hermoso pasaje sobre Gaynor:

“Sólo las hendiduras del visor aliviaban la suavidad del fulgurante acero, que parecía contener materia viva justo por debajo de su pulida superficie, una materia que fluía, se agitaba y parecía amenazadora.
Desde las hendiduras miraban un par de ojos que desplegaban un dolor colérico
que Elric conocía muy bien. No pudo identificar una sensación de estrecha
afinidad con el hombre cuando éste se acercó al fuego y tendió hacia las llamas
las manos enfundadas en guanteletes. La luz de la hoguera captó el metal y una
vez más sugirió que algo vivo había en él, atrapado dentro de él, como una
energía enorme, tan poderosa que se la podía observar a través del acero. Y, sin
embargo, los dedos se flexionaban y extendían como dedos de carne que se
calentaban y recuperaban la circulación, y el suspiro del extraño sólo expresó el
más simple de los consuelos.”


La viñeta que encabeza el presente post me lleva a recordar a los grandes dibujantes que han trasladado al cómic a los personajes de Moorcock: Philip Craig Russell (Elric), Mike Mignola (Corum) o Moebius (Jerry Cornelius).
Actualmente, Moorcock continúa en contacto y en colaboración con amigos suyos del mundo del cómic bien conocidos en España: Neil Gaiman, Alan Moore o Walter Simonson.

(Fantasy y Art decó: la adapatación al cómic de Elric de Melniboné por Philip Craig Russell)

Pese al éxito de las adaptaciones al cómic, la obra del novelista británico no ha tenido tanta suerte a la hora de alcanzar las pantallas cinematográficas. La anunciada adaptación de Elric al cine, producida por la Universal y que iba a ser protagonizada por Paul Bettany (muy acertada elección) se retrasa siempre. Esperemos que si el proyecto se pone de nuevo en marcha, al menos se elija a alguien del estilo de John McTiernan para la dirección.
A pesar de todo, se realizó una película en 1973 basada en El programa final, la primera novela de Jerry Cornelius. Nunca se ha visto en España, y por lo visto fue un fracaso pese a los buenos propósitos de sus productores, quienes contrataron para protagonizarla a Sterling Hayden, Patrick Magee, Hugh Griffith y a Jon Finch para encarnar a Jerry Cornelius (recordaréis a este actor como protagonista del Frenesí de Hitchcock y el Macbeth de Polanski). Atención a la pistola disparadora de agujas (todo un testimonio de época) y a las uñas pintadas de negro de Jerry:


http://www.youtube.com/watch?v=NKNrL3sRV4o



Fragmentos de la novela El programa final (dedicados a L.D.):


“Ritmos de música beat inundaban el Cadillac convertible mientras Jerry Cornelius enfilaba hacia la costa de Kent: Zoot Money, los Who, los Moody Blues, los Beatles, Manfred Mann y The Animals. En el aparato empotrado, Jerry sólo tocaba lo mejor."

“A mitad de camino se detuvo en un quiosco de periódicos y se compró dos Barras Marte, dos tazas de café negro fuerte, y una o dos libras de papel impreso rotulado NOTICIAS, COMERCIO, ENTRETENIMIENTOS, ARTE, POP, AUTOMOVILISMO, SUPLEMENTO CÓMICO, SUPLEMENTO EN COLORES, SUPLEMENTO LITERARIO, y SUPLEMENTO TURÍSTICO. La sección noticias tenía una sola página y las noticias eran breves, lacónicas, sin interpretaciones. Jerry no las leyó. En realidad no leyó nada más que el suplemento cómico. En cambio había mucho para mirar. En estos tiempos los medios de comunicación recurrían cada vez más a las imágenes. Jerry estaba bien provisto.
Comió las golosinas, se bebió el café, dobló las secciones y las dejó sobre la mesa, a guisa de propina. Luego volvió al auto para seguir viaje a Blackheath.
Fuera de las pastillas y los dulces, Jerry no había comido nada en casi toda una semana.
Había comprobado que no necesitaba comer mucho, y que podía vivir perfectamente de la energía vital de los otros, aunque esto era agotador para ellos, claro está. No tenía amistades duraderas y Catherine era la única persona de quien no se había alimentado. Se había complacido, al contrario, en alimentarla cada vez que ella se sentía débil con una parte de la vitalidad que él mismo robaba. A Catherine no le gustaba mucho que lo hiciera, pero lo necesitaría cuando él la sacara por fin de aquella casa y la devolviera a la normalidad, si conseguía devolverla a la normalidad.
Lo que haría ciertamente cuando tomase la casa por asalto sería matar a Frank. La aguja última de Frank, la excitación última que Frank aún estaba buscando, partiría de la pistola de Jerry.“

“Abiólogos (3), Acarólogo (1), Acólogos (2), Acrólogo (1), Adenólogos (5), Aletiólogo (1), Alquimista (1), Anatripsólogo (1), Andrólogos (10), Antibiólogos (10), Angiólogos (4), Anorganólogos (3), Antropólogos (4), Antropomorfólogo (1), Arcólogos (6), Areólogos (2), Artrólogos (4), Astenólogos (2), Astrolitólogo (1), Astrólogos (7), Astrometeorólogo (1), Atmológos (2), Audiólogo (1), Auxólogos (6).
—Su lista de necesidades— Jerry estudió las páginas. Había veintiséis categorías, una por cada letra del alfabeto.
—He completado la mayoría —dijo la señorita Brunner—. Me enteré de la fiesta por un histólogo que contraté; un colega de él había estado aquí.
—Así que vino a completar la lista. Menuda arca la que se está construyendo, por añadidura. La señorita Brunner puso cara de éxtasis.
—No el arca... ¡el diluvio!”

___________

Todos los fragmentos aquí citados pertenecen a las conocidas ediciones españolas de Moorcock, es decir, las de Martínez Roca y las de Edhasa (para los ciclos de Elric y Corum) y de Minotauro (para Jerry Cornelius). Michael Moorcock nunca ha tenido suerte en su publicación y difusión en España. Sus libros editados en la editorial Martínez Roca han sido inencontrables durante años. Por fortuna, Edhasa ha retomado los libros de Elric en una bellísima edición.

Luis Alberto de Cuenca es el principal valedor de Moorcock en España, y nunca ha perdido ocasión para reivindicarlo y recomendar su lectura. Aquí le vemos, junto a León Arsenal, en la presentación de Las crónicas de Elric, el emperador albino publicadas en Edhasa:

http://www.youtube.com/watch?v=ntXi15gaoG0

Aquí cerramos esta serie de artículos dedicados al novelista inglés por su 70 cumpleaños.
"Con Moorcock vuelve Homero, para mayor escarnio de pedagogos y seres racionales"
Luis Alberto de Cuenca


jueves, 4 de febrero de 2010

Clark Ashton Smith, el brujo olvidado ( I )

("Aceptó su propia resurrección y la de sus antepasados como se aceptan las indignidades y maravillas de un sueño. "
C.A.S., "El imperio de lo nigromantes")


1. Smithsonian

De los tres grandes escritores de literatura fantástica que marcaron con su sello personalísimo la época dorada de la revista “pulp” Weird Tales, en los años 30, tan sólo Clark Ashton Smith permanece como un gran desconocido para los críticos y los lectores. H.P. Lovecraft y Robert E. Howard han seguido cosechando sus públicos, no siempre coincidentes, con un provecho constante a lo largo de los decenios. Mientras tanto, puede afirmarse que el nombre de su compañero de generación (a pesar de ser conocido por todos, aunque tan sólo sea por su relación con los escritores citados) oculta a un maestro por descubrir para muchos, y un escritor aún por aquilatar en su valía para la crítica. Y es que con frecuencia se olvida, en la consideración crítica de la literatura estadounidense, la ramificación de cauces diversos que desde el principio la caracterizó. Si la línea de la nueva poesía nacional de Estados Unidos la inauguró Whitman, la narrativa pronto despejó tres vías principales por las que discurrir: la narración aventurera nutrida del espíritu pionero (Fenimore Cooper), la realista (Mark Twain) y la fantástica (Poe). La literatura fantástica forma parte de la tradición norteamericana con tanta fundamentación como la realista.

Después de Clark Ashton Smith (1893-1961), tal vez ningún autor de literatura fantástica ha sido tan potentemente personal y original (salvo Stanislaw Lem). Tolkien se nutre de fuentes altomedievales, proviene directamente de ellas, y el estilo exitoso de Michael Moorcock resulta (en comparación sobre todo con el de Smith) bidimensional: una fusión de la novela de aventuras con la narratividad del cómic (de elegante dibujo, eso sí). La imaginación de Lovecraft, a pesar de haber transitado por sus mundos oníricos creados ex -nihilo, en busca de la ignota Kadath o de puertas que se abrieran con llaves de plata heredadas, tendía a los ambientes reconocibles: lo ignoto se agazapa a la vuelta de aquella esquina… Robert E. Howard es sin duda el maestro del pulp, la quintaesencia de este tipo de escritura: identificación plena del autor con su medio (la revista comercial) y su público, aunque sin subordinación de la imaginación y del capricho de dicho autor. Lovecraft sólo se sirvió del pulp, no sirvió al pulp: sus aspiraciones eran más refinadas y aristocráticas, y siempre he sospechado que despreciaba secretamente a su público. Lovecraft y Smith se vieron obligados a recurrir a estas publicaciones en papel barato para darse a conocer, pero no se sentían realmente identificados con ellas.




En España, Clark Ashton Smith continúa en el limbo de los olvidados desde que, allá por los 70, la editorial Edaf publicara los dos volúmenes de Zothique e Hyperbórea. El volumen de Zothique volvió a flote de forma fugaz en 1990 para sumergirse después en las profundidades de lo descatalogado. A diferencia de lo que acece con otros escritores que quedan anclados en la penumbra de los desconocidos, o conocidos sólo de oídas y como nombres citados en notas a pie de página, la explicación no resulta sencilla en este caso: no hay razones literarias para su olvido, puesto que la calidad artística de su obra es muy evidente para cualquiera que desembarque en sus páginas, pero tampoco hay razones ideológicas, ni mucho menos comerciales. Convenientemente editados, los libros de Clark Ashton Smith supondrían un éxito más que probable, atrayendo a lectores muy diversos.

El californiano Clark Ashton Smith comenzó su carrera literaria en el mundo de la poesía (siendo saludado apresuradamente como un “nuevo Keats”), género que no abandonó a pesar de que pronto centraría su creatividad en la narrativa breve. Su abandono de la literatura tampoco es de fácil comprensión. Su paso de la creatividad desbordada al mutismo resulta tan fulminante y escandaloso como el de Rimbaud. Por parte de algunos biógrafos se ha apuntado la posibilidad de que las muertes inesperadas y tan seguidas, en 1936 y 1937, de sus amigos Howard y Lovecraft le hubieran sumido en un desconcierto estético (aparte de la depresión emocional que le supuso). El contacto, aun distante y epistolar con esos creadores, y el hecho de publicar juntos en la mismas revistas, eran factores que estimulaban su imaginación de forma comprobada. Tal vez Smith dependió más de lo que él mismo podía suponer del medio editorial con el que se daba a conocer, y su interés por proseguir sus creaciones decayó al mismo tiempo que se hundía hasta cierto punto un determinado mercado literario, a la vez que los gustos del público y sus formas de consumir narrativa cambiaban tras la Segunda Guerra Mundial.
En sus últimos 25 años se dedicó al dibujo y a la escultura. De esta labor nos han quedado piezas extrañas e inquietantes, de líneas minimalistas. Muy en concreto, se orientó a la manufactura de estatuillas de reducido tamaño, a la manera de pequeños ídolos desenterrados en un planeta muerto. La sencillez de líneas de sus dibujos y figurillas, aplicadas a creaciones de una imaginación tan barroca, aún resaltan más su absoluta otredad, el inhumano desafío de su presencia.
Sus abundantes relatos se agrupan en ciclos basados en los diversos mundos imaginarios por él creados, siendo los de Zothique e Hyperbórea los más importantes. Especialmente, es en el volumen de Zothique, recopilación del ciclo del mismo nombre, donde se agavillan los máximos logros del narrador, y es en este libro en el que se concentrará el análisis de estas líneas.

(La célebre cubierta de la edición original de Zothique, y que Edaf mantuvo en su edición castellana)


2. Ambientación

Cuando el lector se aproxima a Zothique, es sorprendido por lo exótico del panorama. Un mundo fantástico como el de Tolkien, pero filtrado por una sensibilidad en nada parecida a la serena y “olímpica” del profesor de Oxford. La fisonomía del mundo de Smith es cínica, estremecedora y turbia, macabras sus tramas. Contemplamos un mundo imaginario vislumbrado a través de los efluvios malsanos del decadentismo esteticista “fin de siècle”. Este californiano traductor de Baudelaire y de Heredia, fue el hacedor de un mundo enfermizo, cruel, bárbaro, animado por un sustrato onírico imprevisible en su fenomenología y que instala un desasosiego permanente en el lector. Antes de Clark Ashton Smith, tan sólo Lord Dunsany podía considerarse padre con relevancia literaria de los mundos y convenciones de la fantasía tal y como hoy la conocemos. Robert E. Howard y Clark Ashton Smith les dieron su forma definitiva. Dunsany probó qué resultados podían obtenerse de la fusión del orientalismo con el folclorismo irlandés, y por su parte, Ashton Smith demostró haberse nutrido de una de las lecturas personales más provechosas de las Mil y una noches que ha dado el siglo XX, junto a las que (igualmente personalísimas) Lovecraft y Jünger dejaron tras de sí respecto a este clásico oriental.
Predominan, en la ambientación de este mundo de Zothique, los matices orientalizantes. Las zonas áridas ocupan la mayor parte de los escenarios de estos relatos. Entre sus arenas pueden esconderse ciudades perdidas, cadáveres de civilizaciones extinguidas, mientras que la perversidad parece acumularse, adoptando formas particularmente pérfidas, en las islas: entre otras muchas, Naat, la isla de caníbales y nigromantes, o Uccastrog, la isla de los torturadores, un pueblo que halla su principal solaz en infligir dolor al otro.
La edición original en inglés, y conjunta, de los 16 relatos ambientados en Zothique “el último continente”, tuvo lugar en los 70 y ya no fue obra de su creador, fallecido en 1961, sino del editor e investigador del género Lin Carter (competente escritor él mismo), y permite obtener una visión de conjunto de este mundo imaginario. Zothiqe es una tierra ya moribunda repartida en naciones, reinos y territorios cuyas culturas se encuentran en un estado de decadencia y desintegración moral. Un estado cercano a los últimos grados de petrificación de la “Zivilisation” spengleriana. No hay en este mundo una señalada diferenciación de pueblos desde el punto de vista racial, como sí la hay en Robert E. Howard, ni especies vivientes enfrentadas en conflictos morales como en Tolkien. La homegeneidad de la humanidad que presenta Clark Ashton Smith viene marcada por la misma capacidad para el mal, la lujuria, la indiferencia ante el dolor ajeno, la avaricia y la ambición personal. No hay en este mundo horizontes de salvación personal ni colectiva como en la Tierra Media, ni enfrentamientos épicos significativos. Los pueblos se extinguen víctimas de epidemias o de su propia degradación y lasitud, conjuntamente con la extenuación de sus familias gobernantes. En un relato concreto, el lector se puede encontrar con que el olvido y las arenas han sepultado las ciudades que fueron esplendorosas en las historias relatadas en cuentos anteriores. La impresión que causa la recopilación de estas narraciones en un volumen es vívida y poderosa: pesan en el lector las aterradoras elipsis que separan como hachazos un relato y otro, con sus personajes propios, tan diferentes entre sí. Las elipsis pueden abarcar siglos, y el lector sabe que entre medio han tenido lugar sucesos catastróficos: extinciones, hambrunas, pandemias… los países populosos son desérticos ya unas páginas más adelante. Mientras tanto, los cetros pasan de mano en mano y la preeminencia de una nación se diluye y pasa a ser atributo de otra. Sólo perviven la maldad intrínseca de la existencia y el estupor que provoca. Una pesada nube de ensimismamiento concupiscente parece cernirse sobre cada reino, carente casi de ambiciones como no sean (muy desteñidas) las de aferrarse a un poder que también aburre: se trata de los inciensos enrarecidos que Clark Ashton Smith ha aprendido a respirar de Swinburne o de Huysmans, la tradición literaria de la cual su estilo proviene de forma directa, a mi juicio, con Poe como modelo de construcción de la pequeña máquina de escalofríos contenida en pocas páginas. Así, “La isla de los torturadores”, ofrece una versión muy personal del argumento que Villiers de L’Isle-Adam dio a la luz (o a la tiniebla) en un famoso relato de horror decimonónico: La tortura de la esperanza… con añadidos argumentales enmarcando el planteamiento original del escritor francés y con el despliegue de una imaginería muy personal del californiano ornando la trama. El motivo de la vampiresa, la lamia que un día fue mujer amada y que retorna convertida en monstruo, aparece en “La muerte de Ilalotha”. Con este argumento entre las manos, Smith parece saltar sobre las versiones cercanas heredadas de Poe retornando al origen del tema, y acercándose al poema “La novia de Corinto” de Goethe.

(Continuará...)

(Una de las misteriosas esculturas de Clark Ashton Smith, entronizada sobre un ejemplar de su obra maestra.)

sábado, 30 de enero de 2010

Michael Moorcock cumple 70 años ( IV, antología de textos y algunas vivencias)

Este fue el primer libro de Michael Moorcock que leí, cuando aún estaba en la Universidad. Tal vez sea el más leído de su autor, y no sólo por ser de los mejores sino por constituir oficialmente el inicio de la saga dedicada a su personaje más destacable, Elric: esto es, no el primer libro publicado del ciclo, sino el arranque de la biografía del personaje (1972).
En aquel momento el libro me pareció insignificante y me disgustó profundamente. Un amigo mío, fan de Moorcock, me pedía que le cediese el ejemplar, pues ya por entonces los libros de la colección “Fantasy” de Martínez Roca estaban descatalogados (hoy alcanzan cifras abusivas en las librerías de segunda mano y son muy buscados por los aficionados). Sin embargo, me gustaba tanto la ilustración de la portada que nunca fui capaz de regalar el libro (ya me había arrepentido de regalar algunos libros de mi propiedad en años pasados). Ahora me congratulo de esa indecisión mía y de haber retenido el volumen a pesar de que su lectura no colmó mis expectativas.
A pesar de todo, pasando los años, advertí que había imágenes de esa novelita que no abandonaban mi memoria y que me parecían raros hallazgos de inventiva: en especial no podía olvidarme de aquella extraña arma defensiva para una ciudad… el Espejo de los Recuerdos, el cual, enfocado hacia los atacantes desde el punto más alto de la ciudad, les privaba de memoria dejándolos indefensos y fuera de combate, con el cerebro tan vacío como el de un bebé… Y sobre todo recordaba el modo con el que Elric se abrió paso en la toma de la ciudad: por las calles avanzaron guerreros ciegos, combatientes que se guiaban por el sentido del oído, el olfato y la intuición, y seguidos por otros que portaban yelmos totalmente cerrados y sin visera. Qué idea y qué secuencia tan geniales, me dije…También quedó fija en mi memoria la aparición de Arioco, señor del Caos, invocado por Elric a través de un conjuro: en un principio, una mosca parece haberse colado en la estancia; luego, el insecto mira fijamente y de cerca al protagonista… se trata del bello demonio invocado, que opta por tomar formas cambiantes.
Cuando, bastantes años después, un capricho de horas bajas y paro forzoso me hizo abrir de nuevo el libraco, éste me entusiasmó y leí seguidamente otros del autor. Me dejé arrastrar confiadamente. Moorcock abundaba en invenciones y situaciones fantasiosas tan originales como las que me habían cautivado.

Es famoso el primer párrafo de esta breve novela donde suceden tantas cosas:

“Su carne es del color de una calavera blanqueada al sol y el largo cabello que le cae sobre los hombros es de un blanco lechoso. En su testa ahusada y hermosa destacan dos ojos sesgados, tristes y de color carmesí. Y de las amplias mangas de su blusón amarillo surgen dos manos delgadas, también del color del hueso, que descansan en los brazos de un trono esculpido en un único e inmenso rubí.
Los ojos carmesí muestran preocupación y, de vez en cuando, una mano se alza para tocar un yelmo ligero, colocado sobre la cabellera blanca, un yelmo fabricado con una aleación oscura y verdosa exquisitamente batida hasta darle la forma de un dragón a punto de emprender el vuelo. Y, en la mano que acaricia la corona con gesto ausente, luce un anillo con un raro solitario de piedra de Actorios cuyo corazón cambia a veces perezosamente y toma nuevas formas como si fuera humo dotado de conciencia, tan inquieto en su prisión diamantina como el joven albino en su Trono de Rubí. “




La fortaleza de la Perla (1989):“¿Existe un valeroso señor, engendrado por el destino, capaz de portar viejas armas, de ganar nuevos estados, y desgarrar las murallas que santifica el Tiempo, de arrasar antiguos templos como mentiras santificadas, de quebrar su orgullo, perder su amor, destruir su raza, su historia, su musa, y, tras renunciar a la paz en favor del esfuerzo, dejar sólo un cadáver que hasta las moscas rechazan?

Crónica de la Espada Negra”

La venganza de la Rosa (1991):
“Pero ahora tuvo que soportar su dolor y luchar contra su debilidad mientras el
dragón lo transportaba hacia la desagradable negrura situada más allá de la luna, y
un solo, prolongado y lento rayo plateado acuchilla la oscuridad, y un solo y agudo
retemblar de tormenta rompe el silencio de la noche, y el dragón hembra levanta
la cabeza, bate sus monstruosas alas y ruge un repentino desafío a esos
improbables elementos...
... Mientras, Elric aúlla las viejas y salvajes canciones de los señores del
Dragón, y se eleva, en una sensual simbiosis, con el gran reptil, para salir de la
noche y penetrar en la cegadora gloria de una tarde de verano.”


Stormbringer (Portadora de tormentas, 1965):“El antiguo fervor impío de los desaparecidos reyes de Melniboné se reflejó en los rostros de los dos parientes cuando se pusieron a cantar antiguas canciones de guerra y sus espadas gemelas se unieron a sus voces produciendo una turbadora melodía de destrucción y maldad. Con los labios entreabiertos, que revelaban los blancos dientes, los ojos carmesíes que brillaban con un ardor amenazante y el blanco cabello agitado por el viento abrasador, Elric levantó la espada hacia el cielo y volviéndose, se dirigió a sus compañeros:
— ¡Y ahora, amigos míos, veréis cómo los antiguos de Melniboné conquistaron al hombre y al demonio para gobernar el mundo durante diez mil años!
Moonglum pensó en aquel momento que Elric se merecía el apodo de Lobo que le habían puesto hacía mucho tiempo en el Oeste. Toda la fuerza del caos que llevaba dentro se había apoderado por completo de él. Supo que Elric ya no se sentía dividido en cuanto a sus lealtades, que en él no había ya ningún conflicto. La sangre de sus antepasados lo dominaba, y tenía el mismo aspecto que ellos debieron de haber tenido siglos antes cuando las demás razas de la humanidad huían de ellos, temerosas de su magnificencia y de su maldad. Dyvim Slorm parecía presa del mismo arrebato. Moonglum lanzó una sentida plegaria a los pocos dioses buenos que pudieran quedar en el universo para que Elric fuera su aliado y no su enemigo.”

Moorcock señaló en su momento que su personaje se encontraba en la misma línea tradicional del héroe-villano de corte byroniano. En efecto, el lector culto advertirá en la situación emocional de fondo del personaje (causante de la muerte de su amada, atormentado heredero de una vieja estirpe ante cuyo recuerdo se siente culpable y a la vez, contradictoriamente, en rebeldía) y en sus capacidades hechiceriles (con dominio sobre los espíritus de los elementos: aire, tierra, agua y fuego) que el modelo que se adivina detrás es el Manfred (1817) de Byron, y el de alguna otra obra del romántico inglés (Sardanápalo, 1821).
También resulta justificadamente famoso el visionario inicio de cada uno de los libros de la primera Trilogía de Corum Jaehlen Irsei:
“En aquellos días había océanos de luz, ciudades en el cielo y salvajes bestias voladoras de bronce. Había manadas de ganado carmesí que bramaban y eran más altas que castillos. Había cosas chillonas y repugnantes que infestaban ríos salvajes. Era un tiempo en que los dioses se manifestaban en nuestro mundo con todos sus atributos; un tiempo de gigantes que caminaban sobre el agua; de duendes sin mente y criaturas deformes que podían ser convocadas por un pensamiento mal calculado y que sólo podían ser alejadas con el dolor de algún terrible sacrificio; un tiempo de magia, fantasmas, naturaleza inestable, sueños frustrados, pesadillas corpóreas.
Era un tiempo rico y oscuro. El tiempo de los Señores de las Espadas. El tiempo en que los Vadhagh y los Nhadragh, enemigos seculares, se extinguían. El tiempo en que el Hombre, esclavo del miedo, emergía sin darse cuenta de que gran parte del terror que experimentaba era consecuencia simplemente de su nacimiento.”



Quienes afirman que todos los protagonistas de Moorcock están cortados por el mismo patrón y son intercambiables no parecen haber leído con atención las novelas. Corum es un servidor del Orden en la primera Trilogía, al contrario que Elric (vasallo de Arioco, uno de los Señores del Caos), y su carácter le muestra preferentemente bajo los rasgos de un ángel bueno, que se ofrece en repetidos sacrificios personales por la defensa de la raza humana en su segunda Trilogía. Se diferencia de Elric en que no abandona la confianza en un racionalismo de tono ilustrado y humanista, carece de la agresividad innata de Elric (la cual el albino no logra reprimir pese a intentarlo) y en que no es un buen combatiente. Me atrevería a decir que a Corum le define, al igual que decía de sí mismo Rimbaud asimilándose a sus antepasados galos, “la torpeza en la lucha”.
Segunda Trilogía:
“Y sólo cuando veían a Corum, pálido y pensativo, con la cabeza inclinada como si intentara captar una voz que sus oídos no lograban capturar, pensaban en la tragedia de aquellas historias y en los grandes corazones que se habían detenido para siempre sirviendo a su raza.
Y entonces los moradores de Caer Mahlod callaban y se entristecían, y comprendían la enormidad del sacrificio que el príncipe vadhagh llamado Corum de la Mano de Plata había hecho por su causa.”

(Continuará...)

domingo, 17 de enero de 2010

Tertulia de la Asociación Aragonesa de Escritores (en la Biblioteca de Aragón)

(El suelo por las nubes... ¿Quién se atreve a caminar por los cielos?)

El miércoles 20 de Enero tenemos a un poeta "eclipsado" como invitado especial: MIGUEL ÁNGEL LONGÁS, autor de El suelo por las nubes (publicado en la editorial de Nacho Escuín), y de otros libros como Fuego inédito, publicado en Huerga y Fierro o Escolios, de Prensas Universitarias de Zaragoza.

El mes pasado estuvo con nosotros Ignacio Escuín Borao, el osado y crucial editor de ECLIPSADOS y poeta él mismo, autor de Pop, Couleur, Habrá una vez un hombre libre y otros libros...

Los responsables de la web OCIOZERO.COM colgaron en su web un artículo dedicado al encuentro, con unas fotos que incluyo aquí:

(A la izquierda, Ignacio Escuín Borao)

El artículo puede leerse en el siguiente enlace e incluye un fragmento de la espléndida lectura de Ignacio: http://www.ociozero.com/12285/nacho-escuin-tertulia-poetica-en-zaragoza

Respecto a Miguel Ángel Longás, comentaros que El suelo por las nubes me parece uno de los mejores libros poéticos escrito por un autor de estas tierras y que se haya publicado en los últimos años. No os dejéis engañar por su puesta en página: los poemas están formados por endecasílabos purísimos no separados en tal página y con puntuación anulada.

"(...)

Pacto final sin el acuerdo mutuo de cielo e infierno pone fin sellado a las mareas de una mente humeante forzada a estar en la demencia lúcida"

(p. 28)

Os adjunto uno de los poemas de Escolios:

"Morada es la mansión de sibila que hospeda

a proscrito que libra batalla contra alada

osamenta esgrimiendo su dalle en el erebo

cuyo sesgo no imprime tras un perfil blindado

que álgido acero entierra en armazón siniestra"

(p. 66)

Poderosa epicidad concentrada en tan sólo este puñado de palabras, que parecen talladas a mandobles: "un perfil blindado / que álgido acero entierra en armazón siniestra". Qué envidia...


Fecha: miércoles, 20 de enero de 2010
Hora: 19:30
Lugar: Bilioteca de Aragón (c/ Docor Cerrada, Zaragoza)

Como siempre, promueven y coordinan estas tertulias los poetas:

Rosendo Tello
Emilio Quintanilla Buey
Ángel Sobreviela

miércoles, 13 de enero de 2010

Stefan George llegó con el Solsticio

(Ilustración de Fidus)
.
De los regalos que me aportó la última Navidad, destaca éste. Desde Argentina me llegó esta maravillosa edición de POEMAS de Stefan George. Una edición de 1959 (Ediciones Assandri) de la que no tenía noticia hasta pocos días antes de pedir el libro, único y dificilísimo de conseguir... ¡Y por 28 € , envío incluido! Conozco traducciones de George al francés, al italiano y al español, y ninguna es tan perfecta y tan ajustada tanto en la forma como en el significado de cada poema como ésta, debida a José Vicente Álvarez (traductor también de Hölderlin). No se ha publicado en español una edición semejante del poeta alemán. Aquí puede verse con exactitud y de forma completa cómo es la personalidad y la obra de George.
Así que gracias al librero Armando Vites, de Rosario (Argentina):
http://www.armandovites.com.ar/
Qué agradecidos estamos todos a determinados libreros... pero no tenemos con frecuencia esta oportunidad de mostrar la deuda que hemos contraído con ellos.
También habría que mencionar la Antología de George que Antonio Huerga publicó para Ediciones Libertarias.

Nunca he conocido a otro poeta que haya reverenciado tanto el Misterio como Stefan George. Sus poemas dejan en el ánimo una sensación indefinible. Cada uno de ellos abre una ventana que se enfrenta a una porción del infinito. Los significados y las resonancias de cada página se multiplican y prolongan en profundidad hasta las lejanías.
Salve al Maestro. ONORATE L'ALTISSIMO POETA

"No sabéis quién soy yo… pero escuchadme:
No empecé todavía la Palabra
y la Acción en el mundo que han de hacerme
un ser humano… se aproxima la hora
en que una nueva forma he de tomar.
Pero a pesar de las transformaciones
conservo intacta mi substancia. Nunca
seré como vosotros: Ya elegí.
Traedme, pues, los ramos para el culto
y las coronas de color violeta
trenzadas con las flores de los muertos…
Y presentad la llama pura: ¡Adiós!
Soy lo que quiero. Os dejo al separarnos
un don que nadie da si no es par mío:
El soplo que os infunda aliento y fuerzas,
el beso que os traspase y queme el alma. "
.
(De La Estrella de la Alianza, 1914)



viernes, 8 de enero de 2010

Michael Moorcock cumple 70 años ( III )

(67.
"A la orilla del mar se congregaban galeras antiguas, muy bajas, de varios colores claros que destacaban contra el azul casi negro de las aguas. Luego había una batalla."
Juan-Eduardo Cirlot, 88 sueños.
Ilustración de Rodney Matthews.)

(...)

Así ha continuado su carrera este extraño inglés, moviéndose en territorio de prestigios resbaladizos, pero escogiendo él mismo su propia trinchera; saltando de la literatura popular a la más consciente de sí misma, y de ella al rock y al cómic. Hasta llegar a los años 80, su obra no hubiera pasado de ser una brillante y original contribución a la literatura juvenil de aventuras (dejando aparte la serie de Cornelius). Pero a partir de obras como El perro de la guerra y el dolor del mundo, de 1981, sorprendente mezcla de lo fantástico con la novela histórica fielmente ambientada en la guerra de los treinta años, Moorccok va a cambiar de estilo. Porque es justamente su conciencia estilística la que se afina, abandonando la agilidad excesiva, la rapidez vertiginosa de prosa llana con la que nos guiaba hacia la aventura o la maravilla.
Surgen así las filigranas prerrafaelistas que son La fortaleza de la Perla (1989) y La venganza de la Rosa (1991), novelas coloristas donde bullen peregrinas alegorías y que fueron añadidas al ciclo de Elric de Melniboné. La prosa de Moorcock se torna compleja y alcanza una alta sutileza poética, al mismo tiempo que los escenarios se animan con una nueva vida simbolista. Las convenciones del género se diluyen y la imaginación del novelista descubre nuevos mundos dentro de sus mundos visionarios, y hace sentir al lector que en ellos todo es posible. De este modo, Michael Moorcock ha sabido reinventarse a sí mismo, haciendo surgir un nuevo escritor del cascarón del anterior.
Entre el 2000 y el 2005 se ha publicado en inglés una nueva trilogía de Elric (The Dreamthief's Daughter, The Skralling Tree y The White Wolf's Son), mientras que King of the City (publicada en el 2000 y secuela de Mother London, de 1988) o The Vengeance of Rome (2006) reinciden en la vena más realista del escritor.
Moorcock siempre fue muy consciente de escribir en la era de la imagen y de haber saltado a la fama en el apogeo del audiovisual, una época en que la atracción de los instintos más fantasiosos del público se orientaba más hacia los medios audiovisuales que hacia lo literario. La parte más extensa de su obra, la que le ha dado el lugar que ocupa en el género fantástico, posee la fluidez descriptiva y la escueta rapidez en la presentación de los hechos propias del cine o del cómic. Sólo a partir de esta década de los 80 surge el Moorcock más conscientemente estilista, con descripciones morosas y pausadas, argumentos enrevesados, tramas laberínticas y significados complejos. Pero no es éste el Moorcock que fascinó a los lectores en los 70 y dio a su autor la fama, aunque sí sea el más valioso. Él mismo se autodefine como heredero de una tradición victoriana, y su relación con el lector se basaría en estos parámetros ideales, a los que ejemplifica con el vínculo que unía a Dickens con su público. Estaríamos aquí ante un Dickens fundido con H.G. Wells y sobre todo con William Morris. Y ello a pesar de que, como él mismo también señala, las novelas de Cornelius sean deliberadamente posmodernas. Con esa herencia victoriana, al menos en lo que tenía de especial relación de los escritores con el lector, se identifica más que con la moderna de Joyce-Pound-Beckett, según sus propias palabras, donde es el lector quien ha de esforzarse por alcanzar al autor y aceptar sus difíciles reglas de juego; y de tal herencia decimonónica provendría también toda la rica carga prerrafaelista de su estética última. Lamentablemente, en España, la crítica literaria no ha detenido la atención en esta última fase de su escritura, y ha permanecido por estas latitudes la imagen del novelista que nos había proporcionado su éxito anterior. Y además de esto, al contrario que en Italia y en Francia, Moorcock nunca ha sido en el pasado un éxito rotundo de ventas en España.
A este respecto convendría llamar la atención sobre un punto. Uno de los aspectos más significativos del escritor británico y en el que sus admiradores (especialmente los anglosajones) apenas reparan, es que Michael Moorcock no sólo es un representante máximo de un género literario, sino que es a la vez la consciente parodia del mismo. En sus obras más conocidas (libros de Corum y de Elric) podemos advertir hasta qué punto juguetea con las expectativas y las poses habituales del fantástico, aun cuando más serios parecen la narración y los personajes puestos en juego. La fantasía llega a ser, de este modo, consciente y deliberadamente ridícula. Y en esto estriba su auténtica originalidad y no en sus universos paralelos, ni en la ambigüedad ética de sus enfrentamientos entre Ley y Caos, o en las intersecciones entre unas sagas y otras. A todo ello se une la irónica distancia respecto a sus propias creaciones que tanto en el interior de la obra como en su vida personal, en su faceta de editor, y en entrevistas y consideraciones críticas, ha sabido mantener Moorcock toda su vida.

José María Valverde comparó Orlando furioso, la obra de Ludovico Ariosto, con el cómic (donde cada octava real correspondería con una viñeta): así puso de manifiesto, sin apercibirse de ello, la cercanía de mucha cultura considerada popular con las fantasías manieristas de otros tiempos. Ya que éstas eran manieristas porque ya no surgían del mito, sino que lo evocaban juguetonamente a la vez que lo reelaboraban con nostalgia, precisamente como hizo Ariosto.
Desde una perspectiva literaria seria, Moorcock se nos presenta como un legítimo heredero de Ludovico Ariosto.

(Continuará...)



(Moorcock representado en ambiente victoriano por su amigo Jim Cawthorn. Parece el mismo William Morris...)





(Existe incluso un parecido físico con ARIOSTO, tal y como lo retrató Tiziano en este famoso lienzo.
"No... Plutarco no ha mentido. Y Ariosto, menos que nadie."
Ernst Jünger)

domingo, 27 de diciembre de 2009

Michael Moorcock cumple 70 años ( II )

(Elric)

(…)
La composición del ciclo de Elric es un buen ejemplo de la singularidad de Moorcock como novelista: fue escrito y publicado de un modo desordenado y caótico, sin seguir en ningún caso la cronología del personaje. Relatos sueltos reunidos en libro, relatos concatenados con sucesión narrativa, novelas cortas o novelas de cierta extensión, se van acumulando a lo largo del tiempo al capricho de su creador. El primer relato de Elric, La ciudad de Ensueño, es de 1961, y en estas pocas páginas encontramos al destronado monarca cuando, tras vagabundear por el mundo, vuelve las armas contra sus mismos compatriotas, como el Coriolano de Shakespeare, pero sin que le tiemble el pulso y acabando con el poder de su propia nación. No conoceremos el comienzo de la historia hasta la novela titulada justamente Elric de Melniboné, de 1972. En realidad, los lectores conocen muy bien las trágicas circunstancias de la muerte del emperador albino desde que apareciera la inolvidable novela Stormbringer, de 1965, publicada por tanto poco después de ese primer relato; una novela más cuidada estilísticamente que otras entregas previas y posteriores de las hazañas del protagonista.
Pero esta peculiaridad también dota al personaje de Elric de una aureola trágica aún mayor: por mucho que lo veamos agitarse, moverse de aquí para allá a lo largo de cientos de páginas, sabemos bien cuál será su final ineluctable y el de algunos de los personajes secundarios. No otra cosa sucede con Anakin Skywalker en las últimas películas de Star Wars.

Otras novelas, como las del ciclo de El bastón rúnico, protagonizadas por Dorian Hawkmoon duque de Colonia, no pasan de ser típicas narraciones de aventuras fantásticas, originales en cuanto a ambientación, pero siguiendo una línea convencional de género. Las dos trilogías de Corum, dejando aparte la sorprendente primera novela de la saga, resultan desconcertantes e irregulares: aventuras coloristas que fascinan quizás por su misma índole delirante (no en vano los tres primeros libros de la serie se publicaron en España en la colección “Delirio” del editor Francisco Arellano). Los libros de Corum contribuyeron a forjar una imagen de Moorcock como escritor “fumeta”, trabajando y fantaseando bajo los efectos distorsionadores de diversas sustancias (donde éstas habrían afectado también, negativamente, a la calidad de su estilo), imagen que (justa o no) le ha acompañado durante mucho tiempo.
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Simultaneando con estos mundos de espada y brujería, creó también al personaje de Jerry Cornelius, el cual abría una dimensión radicalmente diversa en su obra. Las novelas de Cornelius (cuatro, más algunos relatos) son un delirante despliegue de la imaginación pop más alucinógena. Un personaje sesentero y setentero, un dandy de hortera elegancia que deambula sin rumbo por un Londres reconocible y a la vez distorsionado por la imaginación (o la alucinación), colmado de personajes estrambóticos y animado por disparatados saltos narrativos. Imaginad el capítulo 15 del Ulises de Joyce sirviendo como plantilla para una saga de novelas, y así podréis haceros una idea de lo que son estas Crónicas de Cornelius que la editorial Minotauro publicó por estos lares en el 2003. Uno de los rasgos más definitorios del autor británico es el exceso, y aquí se encuentra tamizado por un humor sarcástico y surrealista. Las historias de Jerry funcionan como metaliteratura, como parodia de la misma concepción de "novela" y del "novelar"; resultan divertidas, inquietantes y angustiosas a partes iguales, constituyendo un reto para la capacidad de comprensión de muchos lectores y piedra de toque para su sentido del humor, el muy especial y en algunas épocas necesario "humor del lector". El esmero estilístico y escenográfico que otorgó a esta serie de narraciones hizo que muchos críticos comenzaran a reconocer en Moorcock una valía literaria que antes le habían negado. Tras las peripecias de este Bunbury inglés, que es capaz de morir y resucitar varias veces, o incluso cambiar de color (con pelo blanco y piel negra, como si de un negativo fotográfico se tratara) ya es difícil reducir a Michael Moorcock a simple autor de género… Además, ¿a qué género pertenecería Jerry Cornelius?

En la misma línea “corneliana” se situaría la estrafalaria novela El tiempo de los señores halcones, escrita en colaboración con un tal Michael Butterworth (no confundir con el guionista de cómics, autor del Imperio de Trigan), donde un grupo de rock en el que participa el propio Moorcock como personaje, logra salvar al mundo con los poderes que les otorga su música.

(Continuará…)


(Rodney Matthews es un gran ilustador y uno de los que han dado forma visual a los mundos creados por su amigo Moorcock)



(Matthews y Moorcock)