Este sábado 5 de Junio, se presenta el nº 3 de la revista IMÁN, la nueva revista de la AAE (Asociación Aragonesa de Escritores). La presentación tiene lugar en el seno de la Feria del Libro 2010, y en el interior de la carpa oficial habilitada en la plaza Santa Engracia.viernes, 4 de junio de 2010
"El rectángulo negro", publicado en el nº 3 de la revista IMÁN
Este sábado 5 de Junio, se presenta el nº 3 de la revista IMÁN, la nueva revista de la AAE (Asociación Aragonesa de Escritores). La presentación tiene lugar en el seno de la Feria del Libro 2010, y en el interior de la carpa oficial habilitada en la plaza Santa Engracia.lunes, 17 de mayo de 2010
Miguel Serrano Larraz en la Tertulia de la Asociación Aragonesa de Escritores

Hora: 19:30 - 21:00
Lugar: Sala Polivalente de la Biblioteca de Aragón, C / Doctor Cerrada, nº 22
sábado, 24 de abril de 2010
La virtud que hace regalos
En esta semana, la presentación del libro de Ángel Gracia ARAR, el encuentro poético de la Bibloteca de Aragón, y la charla de ese día con la autora Brenda Ascoz, me han puesto de buen humor. A esto se añadió, el jueves por la noche, una nueva cena con los poetas jóvenes de Caesaraugusta, confidencias, risas y fotos chulas. Esta ciudad ha dado ya una buena floración. Ahora queda que dicha ciudad sea consciente de ello.
El hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. Y en tiempos de tormenta las ramas fustigan el aire y no son acogedoras. El manto púrpura se retira, discretamente, de la cercanía de aquellos comediantes cuya presencia en el séquito parece más superflua. El poeta intenta hallar su lugar en el mundo, allí donde pueda seguir dando en sacrificio, ante todo, su tiempo (y sin emplearlo de manera preeminente en la tarea de construirse su lecho de reposo bajo la tierra, como en el poema "Amarrado" de ARAR), aunque para ello necesita de que alguien le recargue también ese tiempo suyo, y pueda asegurarle que no será expulsado extra-muros por innecesario o como carga incosteable.
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“El estamento de los poetas había gozado siempre de gran fama en la Marina. Se los tenía por donantes libres y el don de hacer versos era visto como la fuente de la plenitud. (…)
Nadie era allí tan pobre que no pudiera enviar los primeros y mejores frutos de sus huertos a las cabañas de los pensadores y a las ermitas de los poetas. En la Marina podía vivir entregado al ocio, de una manera pobre, desde luego, mas no indigente, todo aquel que en ella se sintiera vocado a servir al mundo con el espíritu. Tanto los que cultivaban los campos como los que cultivaban la palabra consideraban como su modelo la antigua sentencia que dice: “Los dioses nos dan gratis las cosas mejores"."
(Ernst Jünger, Sobre los acantilados de mármol, ed. Círculo de Lectores, pp.63-64)
sábado, 17 de abril de 2010
Brenda Ascoz en la Tertulia de la Asociación Aragonesa de Escritores
Nuevo encuentro con un poeta de esta ciudad. En esta ocasión se trata de una voz particularmente representativa, a mi modo de ver, de las mujeres jóvenes de su generación: Brenda Ascoz. Junto a los dos libros de poesía de los que hablaremos con ella extensamente el miércoles (En ajeno, ed. Chorrito de plata, y Ecorché, ed. Eclipsados), nos encontramos también con pasos firmes y reconocidos públicamente en la senda de la narrativa. Destacaré su relato La voz de Lady Rowena, publicado en el nº 12 de la revista universitaria "Eclipse" (Junio 2009), dedicado a la temática del "silencio" como presencia-ausencia literaria.
El tema principal del trabajo de Brenda, hasta la fecha, es el de la lenta y dificultosa construcción de la identidad, en medio del fuego cruzado de las miradas e interpretaciones ajenas, del propio eco y el de la voz de los otros.
"(brenda)
me arrastra mi nombre.
como arrastra la cometa
al carrete
del hilo que vuela
sólo cuando la cometa
revienta contra el suelo
me encuentro a su altura "
(de En ajeno, ed. Chorrito de plata, 2007, p.12)
"El eneque no aguardó a que despuntara el nuevo día para mostrar las habilidades que le permitía su original naturaleza. Mediada la noche, salió del laboratorio -cuya entrada no le había prohibido Lady Rowena por reconocerlo inútil,- y anduvo por la casa dejando pequeñas señales que reforzaran la impresión que, él sabía, había causado, tanto en la enana como en el eco..."
(La voz de Lady Rowena, revista "Eclipse", nº12: El silencio, p. 104)
Sirva este pasaje también como homenaje a la extraordinaria revista ECLIPSE, que dirige Almudena Vidorreta y cuyo próximo número aparecerá en breve, en Junio seguramente.
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Fecha del encuentro: miércoles, 21 de Abril de 2010
Hora:19:30 - 21:00
Lugar:Biblioteca de Aragón (Sala polivalente), c/ Doctor Cerrada
Promueven y coordinan estas tertulias los poetas Emilio Quintanilla Buey y Ángel Sobreviela.
viernes, 16 de abril de 2010
"Arar", de nuevo Ángel Gracia
al hombre, a la bestia y al pájaro”
COLERIDGE.
Ángel Gracia nuevamente. ARAR, se titula el libro (ed. Prames, y acaba de salir). Erial, Fiemo, Sementera y Laya son las partes de este discurso. La naturaleza nos otorga aún el papel pautado donde escribir nuestra música.
La condición humana es condición mortal (vivir se conjuga en condicional). Pensar supone sentenciar nuestro yo, saberlo condenado: “vivos y muertos eran gemelos”. Ni todas las lecturas del mundo nos separarán ni un centímetro del mismo destino que aguarda al labrador sin libros. En nuestra carne se inscribe nuestra condena, aunque también muchos de nuestros goces, como el de “simplemente” contemplar.
Vivir es contemplar la vida, ser testigo de “un deshacerse y un rehacerse”, exactamente como delante del poema (propio o ajeno, pues leer es como escribir y viceversa, ya lo sabemos o deberíamos saberlo); como ante la sucesión de los poemas propios y los de los otros, donde “las partículas sin centro entrechocan” (primer poema del libro) y hacen inevitables los fenómenos. Éstos son reales y lo son también cuando sobreviven en el poema, en el libro.
Los dos poemas iniciales de ARAR son dos jambas, pórtico necesario que explica también la autosuficiencia de todos los libros o ésa a la que aspiran los mejores de entre ellos. El libro no leído, no leído ya o no leído nunca, está ya cerrado y organizado justamente como un organismo.
La muerte nos ciega, o debería hacerlo. ¿Qué mirar después de haber mirado la muerte? Esto nos preguntamos cuando nos vemos de vuelta de todo: “De vuelta” es el poema de la página 17. La respuesta se nos plantea antes de la pregunta, justo en el poema anterior, y ahí la tenemos si hemos sabido registrarla en el ánimo.
El océano de lo que ha sido rodea lo que aún es. Los muertos están todos en el mismo lugar, pero no se conocieron en vida (la distancia geográfica es como la de las eras) y del mismo modo se desconocen en la muerte. No obstante, todos cantan en el mismo coro, y ésta tal vez sea la imagen que se dibuja en el lector al leer el poema “Donde deben estar” (p. 16). Algunos fueron “deshuesados, prensados” por la historia, ofrenda sangrienta no del vivir, sino de los proyectos de vivir de una manera determinada y propia. La rima de este tema se encontraría en el poema “Ciclo”, de la página 45. Pesa dolorosamente en el lector la constatación de que, al igual que la muerte (incomprensiblemente) no nos ciega, “Los que dieron muerte volverían hacerlo” (p.18). Pero esto es historia, y se sale del marco de un libro que es fundamentalmente campesino, y que por tanto vive fuera de la ciudad y de la historia, como diría Spengler.
Lo dado-lo asumido-lo vivido- lo trabajado.
El viaje es siempre desde un dolor hacia otro, y el “otro” es siempre reflejo del propio existir maltrecho: “El hombre va” (p. 19).
La muerte no detiene el tiempo sino que es una permanente duración del mismo, esto también se nos recuerda (p.17), al igual que la ceguera nos predice antes de tiempo (del fin de nuestro tiempo) dónde va a acabar todo.
Entre tanto, la muerte rodea lo vivo. Pero esto último, cuando muere, no conoce una única muerte común. Porque no hay muchos ríos volcados manriquianamente en un solo mar, sino todo lo contrario YA: “Hay un río fluyendo hacia todos los mares” (p.27).
No hay un todo mayor que la suma de sus partes, y la luz puede existir más allá de los colores que aviva e incluso más allá de su blancura (“Credenciales”). Sobre esto volveremos luego. También páginas adelante, camino arriba, se habla de “separar los días de su luz” (p.46).
Si el Erial es lo dado, lo que hemos recibido como legado al abrir los ojos, (hay un poema que precisamente se titula “Dador”), el Fiemo es la sucia lección de la experiencia, asunción de lo vivido… los Cantos de experiencia. Su segundo poema es una “Lección matinal”. Mirar y asumir lo que se pudre. Excursión con el padre. Arranca la biografía.
Y es que lo vivo requiere el testimonio, lo pide a su manera. Así, el poeta retrata a su padre (pp. 30-31), es testigo de las cabriolas del “Treparriscos” (p.32), y en el único poema de amor del libro (tan púdico que apenas se reconoce como tal), los amantes se abrazan “espiados por las entrañas de la rosa” (en imagen muy eliotiana), por la sustancia primordial que nutre todo lo natural vivo.

¿Pero en qué cree Ángel Gracia?
¿Lo animal nos dará lecciones sobre cómo morir? (“Hebras de heno”, p. 29). Sin embargo el hombre es capaz de pensar, algo que la naturaleza no puede hacer respecto a sí misma y consigo misma, y parece que Ángel Gracia es consciente de ello en “Atajos”. Tal vez profundice en ello con el tiempo. “A veces mueren objetos que pertenecían al pensamiento” se dice en “Credenciales”(p.25). Es cierto que hay pensamientos que se nos mueren dentro como mascotas, pero hay también órdenes de pensamientos que se extinguen como especies enteras. Sólo el hombre puede imaginar que el río remonta su corriente y regresa hacia su origen, en metáfora nuevamente eliotiana; los harapos del río son aquéllos que cubría Hölderlin (los que le encargamos cubrir) unas páginas antes. Hölderlin… quien creía estar en el secreto de todas las abundancias, como Stefan George después.
Pero hubo que interpretar también el papel de Celan para saber lo que es la mendicidad. Ángel Gracia conoce sus limitaciones: hay un río invisible que une la tierra, sus hojas, y el cielo a través de las lluvias muy altas. Este poema es muy importante, como lo es todo pensamiento que llega, conoce y reconoce sus límites. Hölderlin es un niño eterno que aspira a ser rayo y río: el río puede ser el Rin o el Ebro… “que sepa estar en pie bajo el rayo”, decía nuestro hermano… ¿Os acordáis? Ser río es algo que para el poema de hoy es problemático: “No sé cómo trazar el río”, “No sé cómo ser río” (p.41).
Este Ángel no concibe habitar más allá de lo que no sea vida: “los destellos arrinconan el sol y lo abandonan” (“Torrentera”, p. 48). Lo iluminado vive ignaro de la luz. Ese “ser parte de la naturaleza” no es un abandono, también implica responsabilidad y coherencia, una consciencia de los límites, por lo menos. La naturaleza le habita como el sol habita la hoja y ve su interior: “Fuente”, p.48. La luz fluye invisible ya por sus órganos como a través de los troncos (en el poema “Fuente”, de la p.48, y en “Troncos huecos” en la 52). Ángel no cree en el “pitrayana”, la vía de los padres y de la rueda de aquello que vuelve siempre en la cadena de la carne: “Nunca regreses” (p.48)… Pero no nos dice nada del “devayana” o camino de la inmortalización. Es únicamente humano, y a su modo: “la mano no admite poda ni brote”, no desciende ni tampoco asciende, satisfecho de sí, aunque ésta sea una satisfacción nada autocomplaciente, difícil de conquistar, lograda sólo en la desembocadura, cuando la propia existencia es el delta del río, cuando se recogen los frutos (la desembocadura aparece en el poema “Frutos”, p.55). Este es un libro radicalmente positivo, que afirma y acepta.
Hacia la tierra y el humus se inclina el hombre para trabajar, la bestia para abrevar, el hombre y la bestia para yacer. Algo hay que faltaría en esta sucesión de erial-fiemo-sementera-laya: el sentido transversal que las cuatro partes atravesara, el significado que los ensarte. Pero no es Hölderlin quien nos habla, sino Scardanelli, ya cegado por la luz. De lo divino nada sabe Ángel Gracia o nada dice. Sobre la contemplación y las constataciones cíclicas del campesino o sobre el camino del nómada (camino siempre igual a sí mismo) no se funda la ciudad, pero ésta es tarea de otros libros.
En “Claridad”, la extinción es el desvanecimiento de lo vivo-visible, cuando la luz ciega en el contraluz y borra la silueta de lo vivo. “Me incendio de blancura” (p.60). Esto mismo vi en un documental sobre Gustav Mahler: en el momento de relatar su muerte prematura, se veía una foto fija del compositor sobre un fondo de cielo claro… De pronto, el rasgado de la cuerda orquestal, escalofriante, acompañaba a un emborronamiento de la imagen, donde la figura del músico se adelgazaba, devorada por la claridad del fondo hasta que ésta prevalecía en el marco de la pantalla borrando por completo la figura; la música alcanzaba entonces un armónico exultante y apacible a la vez.
Esto viene a cuento porque la realización puede coincidir con el fin, y para asegurar el puesto en la vida, la gastamos y ocupamos pronto nuestro sitial allá abajo: “Para cavar mi espacio en el subsuelo, / para alzarme, trabajo” (p.59)
El último verso de la obra, “Aro, camino sobe lo arado” (p. 61) es la declaración de humildad de quien quiere ser “blanco que labra / invisible en el blanco”, p.58, consciente de su caducidad.
El lenguaje de ARAR, es sutilmente diferente del de Valhondo y El libro de los ibones. Se torna más discursivo, es menos epifánico y más didáctico. Seguramente es debido al cultivo de la prosa por parte del autor (¡“ante las ruedas” es una expresión que aparece en la p. 46!).
Obra maestra.
(Otro artículo de este mismo blog sobre Ángel Gracia:
http://angelsobreviela.blogspot.com/2009/06/poetas-de-caesaraugusta-iv-angel-gracia.html)
Presentación de Arar:
Zaragoza, FNAC, Plaza de España,
martes 20 de Abril a las 20'00 h.
miércoles, 31 de marzo de 2010
Monstruo
También quiso responder a la imposición de nombre bendiciéndonos a su vez, a mí y a la chica que me acompañaba, a quien sólo tuvo que mirar durante unos segundos para saber que era poetisa. ¿Pero qué son unos segundos para él? Por eso mismo me sorprendió la rapidez de sus deducciones. La señal de su bendición fue mostrarnos las yemas de sus dedos, que nunca llegaron a ser dedos humanos, pero sobre los que sí logró dibujar las huellas dactilares por las que, aparte de todo, nadie buscará reconocerle.
También nos mostró a la criatura a la que ha dejado vivir en el interior de su ojo, aunque no era necesario esto para darnos una pista acerca de su generosidad. Fue mi acompañante quien primero se apercibió que aquel ser redondo y blanco instalado en la agrietada cuenca era un caracol, y no un hongo como yo había creído al primer vistazo.
PRO AETERNA PAGANITATE.
(Gromius)
sábado, 13 de marzo de 2010
Dolan Mor en la Tertulia de la Asociación Aragonesa de Escritores
En esta ocasión tenemos como poeta invitado a DOLAN MOR (nacido en Cuba en 1968), autor, entre otros poemarios, de El plagio de Bosternag (2004), Las historias de Jonathan Cover (2005), Seda para tu cuello (2006), Nabokov’s Butterflies (Premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón, 2007), Los poemas clonados de Anny Bould (Premio Miguel Labordeta de Poesía, 2007), El libro bipolar (Premio Santa Isabel de Portugal, 2008) y La novia de Wittgenstein (Premio Internacional Barcarola de Poesía, 2008).
Dolan es autor de una amplia “work in progress” en proceso de ramificarse sin cesar. Los frutos que cuelgan de este árbol genealógico en crecimiento son los personajes que crea, heterónimos cautivos en cada uno de sus libros, poetas imaginarios autores de sus propios versos y encerrados en cada volumen como mensaje en botella de náufrago. Son Bosternag, Granivan, Anny Bould o los extraños y groseros ciudadanos de la inexistente Parlitte. Todos están ya muertos cuando el lector adquiere un libro de Dolan, y sólo en sus breves páginas serán ya recordados. Es difícil decir en un artículo de simple información de eventos por qué lo que escribe Dolan es tan importante y animar a su lectura. Dicha lectura no es necesaria únicamente para encontrarse y departir con estos personajes estrambóticos que se dibujan como el jirón del humo de una pipa para luego desvanecerse en la nada, al estilo de ese “pájaro cenicero” que nos describe el autor en Nabokov’s Butterflies (p.51)… lo es también para dejarse mecer y guiar por la corriente de un estilo preciso y equilibrado, un fraseo de una rara pureza. La profundidad descriptiva, la técnica de creación de ambientes con la que nos sumerge en el mundo de sus antihéroes, puede ser ejemplificada con esta visión del cementerio donde yace (pero no reposa) Bosternag:
“Por las calles de polvo pasa un río de piedras
que lleva entre sus aguas fragmentos de la Historia”
(El plagio de Bosternag, p.46)
Pocas veces ha aparecido en mi imaginación lectora, con tal nitidez y perspectiva simbólica, la visión de un camposanto.
O la acertada vivencia, tan nuestra, tan cercana, de
“los bancos que crecían a orillas del canal”
(Nabokov’s Butterflies, p.18)
O bien, en su último libro recién publicado, la siguiente estampa:
“igual que cae el sonido
de la fuente en la nada
en un parque en la calle
así se oye mi voz
en medio de este cuarto
con la luz apagada”
(La novia de Wittgenstein, p.25)
¿Novia de Wittgenstein? La confrontación entre lo masculino y lo femenino, entre personajes macho y hembra, es otra preocupación de Dolan y se hace patente en el libro evocador de mariposas que (nunca) escribió Robert Granivan, en concreto en el poema sobre Paolo y Francesca (Nabokov’s Butterflies, p.19), clásica pareja que aquí no vuela en abrazo eterno, ni juntos leen el Libro de Galahot, segunda parte del Lancelot en prosa, sino que se enfrentan incruenta e irónicamente en un juego de naipes.
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“(…)
Las palabras que uso fueron trajes usados por millones de bocas
(…)
Sin embargo, una cosa en el mundo me conmueve
y no logro atraparla con la red de mis versos:
la certeza en la duda, la duda en la certeza
de saber que ignoramos lo poco que aprendimos
en siglos anteriores, apenas con los ojos mojados
por la luz que miente cada día al señalar
el tiempo y el espacio infinitos, que acaban a lo lejos,
debajo de mi pecho, tan mortal como el tuyo.”
Así reza el primer poema del primer libro publicado de Dolan, el acorde germinal de su obra.

