miércoles, 13 de enero de 2010

Stefan George llegó con el Solsticio

(Ilustración de Fidus)
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De los regalos que me aportó la última Navidad, destaca éste. Desde Argentina me llegó esta maravillosa edición de POEMAS de Stefan George. Una edición de 1959 (Ediciones Assandri) de la que no tenía noticia hasta pocos días antes de pedir el libro, único y dificilísimo de conseguir... ¡Y por 28 € , envío incluido! Conozco traducciones de George al francés, al italiano y al español, y ninguna es tan perfecta y tan ajustada tanto en la forma como en el significado de cada poema como ésta, debida a José Vicente Álvarez (traductor también de Hölderlin). No se ha publicado en español una edición semejante del poeta alemán. Aquí puede verse con exactitud y de forma completa cómo es la personalidad y la obra de George.
Así que gracias al librero Armando Vites, de Rosario (Argentina):
http://www.armandovites.com.ar/
Qué agradecidos estamos todos a determinados libreros... pero no tenemos con frecuencia esta oportunidad de mostrar la deuda que hemos contraído con ellos.
También habría que mencionar la Antología de George que Antonio Huerga publicó para Ediciones Libertarias.

Nunca he conocido a otro poeta que haya reverenciado tanto el Misterio como Stefan George. Sus poemas dejan en el ánimo una sensación indefinible. Cada uno de ellos abre una ventana que se enfrenta a una porción del infinito. Los significados y las resonancias de cada página se multiplican y prolongan en profundidad hasta las lejanías.
Salve al Maestro. ONORATE L'ALTISSIMO POETA

"No sabéis quién soy yo… pero escuchadme:
No empecé todavía la Palabra
y la Acción en el mundo que han de hacerme
un ser humano… se aproxima la hora
en que una nueva forma he de tomar.
Pero a pesar de las transformaciones
conservo intacta mi substancia. Nunca
seré como vosotros: Ya elegí.
Traedme, pues, los ramos para el culto
y las coronas de color violeta
trenzadas con las flores de los muertos…
Y presentad la llama pura: ¡Adiós!
Soy lo que quiero. Os dejo al separarnos
un don que nadie da si no es par mío:
El soplo que os infunda aliento y fuerzas,
el beso que os traspase y queme el alma. "
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(De La Estrella de la Alianza, 1914)



viernes, 8 de enero de 2010

Michael Moorcock cumple 70 años ( III )

(67.
"A la orilla del mar se congregaban galeras antiguas, muy bajas, de varios colores claros que destacaban contra el azul casi negro de las aguas. Luego había una batalla."
Juan-Eduardo Cirlot, 88 sueños.
Ilustración de Rodney Matthews.)

(...)

Así ha continuado su carrera este extraño inglés, moviéndose en territorio de prestigios resbaladizos, pero escogiendo él mismo su propia trinchera; saltando de la literatura popular a la más consciente de sí misma, y de ella al rock y al cómic. Hasta llegar a los años 80, su obra no hubiera pasado de ser una brillante y original contribución a la literatura juvenil de aventuras (dejando aparte la serie de Cornelius). Pero a partir de obras como El perro de la guerra y el dolor del mundo, de 1981, sorprendente mezcla de lo fantástico con la novela histórica fielmente ambientada en la guerra de los treinta años, Moorccok va a cambiar de estilo. Porque es justamente su conciencia estilística la que se afina, abandonando la agilidad excesiva, la rapidez vertiginosa de prosa llana con la que nos guiaba hacia la aventura o la maravilla.
Surgen así las filigranas prerrafaelistas que son La fortaleza de la Perla (1989) y La venganza de la Rosa (1991), novelas coloristas donde bullen peregrinas alegorías y que fueron añadidas al ciclo de Elric de Melniboné. La prosa de Moorcock se torna compleja y alcanza una alta sutileza poética, al mismo tiempo que los escenarios se animan con una nueva vida simbolista. Las convenciones del género se diluyen y la imaginación del novelista descubre nuevos mundos dentro de sus mundos visionarios, y hace sentir al lector que en ellos todo es posible. De este modo, Michael Moorcock ha sabido reinventarse a sí mismo, haciendo surgir un nuevo escritor del cascarón del anterior.
Entre el 2000 y el 2005 se ha publicado en inglés una nueva trilogía de Elric (The Dreamthief's Daughter, The Skralling Tree y The White Wolf's Son), mientras que King of the City (publicada en el 2000 y secuela de Mother London, de 1988) o The Vengeance of Rome (2006) reinciden en la vena más realista del escritor.
Moorcock siempre fue muy consciente de escribir en la era de la imagen y de haber saltado a la fama en el apogeo del audiovisual, una época en que la atracción de los instintos más fantasiosos del público se orientaba más hacia los medios audiovisuales que hacia lo literario. La parte más extensa de su obra, la que le ha dado el lugar que ocupa en el género fantástico, posee la fluidez descriptiva y la escueta rapidez en la presentación de los hechos propias del cine o del cómic. Sólo a partir de esta década de los 80 surge el Moorcock más conscientemente estilista, con descripciones morosas y pausadas, argumentos enrevesados, tramas laberínticas y significados complejos. Pero no es éste el Moorcock que fascinó a los lectores en los 70 y dio a su autor la fama, aunque sí sea el más valioso. Él mismo se autodefine como heredero de una tradición victoriana, y su relación con el lector se basaría en estos parámetros ideales, a los que ejemplifica con el vínculo que unía a Dickens con su público. Estaríamos aquí ante un Dickens fundido con H.G. Wells y sobre todo con William Morris. Y ello a pesar de que, como él mismo también señala, las novelas de Cornelius sean deliberadamente posmodernas. Con esa herencia victoriana, al menos en lo que tenía de especial relación de los escritores con el lector, se identifica más que con la moderna de Joyce-Pound-Beckett, según sus propias palabras, donde es el lector quien ha de esforzarse por alcanzar al autor y aceptar sus difíciles reglas de juego; y de tal herencia decimonónica provendría también toda la rica carga prerrafaelista de su estética última. Lamentablemente, en España, la crítica literaria no ha detenido la atención en esta última fase de su escritura, y ha permanecido por estas latitudes la imagen del novelista que nos había proporcionado su éxito anterior. Y además de esto, al contrario que en Italia y en Francia, Moorcock nunca ha sido en el pasado un éxito rotundo de ventas en España.
A este respecto convendría llamar la atención sobre un punto. Uno de los aspectos más significativos del escritor británico y en el que sus admiradores (especialmente los anglosajones) apenas reparan, es que Michael Moorcock no sólo es un representante máximo de un género literario, sino que es a la vez la consciente parodia del mismo. En sus obras más conocidas (libros de Corum y de Elric) podemos advertir hasta qué punto juguetea con las expectativas y las poses habituales del fantástico, aun cuando más serios parecen la narración y los personajes puestos en juego. La fantasía llega a ser, de este modo, consciente y deliberadamente ridícula. Y en esto estriba su auténtica originalidad y no en sus universos paralelos, ni en la ambigüedad ética de sus enfrentamientos entre Ley y Caos, o en las intersecciones entre unas sagas y otras. A todo ello se une la irónica distancia respecto a sus propias creaciones que tanto en el interior de la obra como en su vida personal, en su faceta de editor, y en entrevistas y consideraciones críticas, ha sabido mantener Moorcock toda su vida.

José María Valverde comparó Orlando furioso, la obra de Ludovico Ariosto, con el cómic (donde cada octava real correspondería con una viñeta): así puso de manifiesto, sin apercibirse de ello, la cercanía de mucha cultura considerada popular con las fantasías manieristas de otros tiempos. Ya que éstas eran manieristas porque ya no surgían del mito, sino que lo evocaban juguetonamente a la vez que lo reelaboraban con nostalgia, precisamente como hizo Ariosto.
Desde una perspectiva literaria seria, Moorcock se nos presenta como un legítimo heredero de Ludovico Ariosto.

(Continuará...)



(Moorcock representado en ambiente victoriano por su amigo Jim Cawthorn. Parece el mismo William Morris...)





(Existe incluso un parecido físico con ARIOSTO, tal y como lo retrató Tiziano en este famoso lienzo.
"No... Plutarco no ha mentido. Y Ariosto, menos que nadie."
Ernst Jünger)

domingo, 27 de diciembre de 2009

Michael Moorcock cumple 70 años ( II )

(Elric)

(…)
La composición del ciclo de Elric es un buen ejemplo de la singularidad de Moorcock como novelista: fue escrito y publicado de un modo desordenado y caótico, sin seguir en ningún caso la cronología del personaje. Relatos sueltos reunidos en libro, relatos concatenados con sucesión narrativa, novelas cortas o novelas de cierta extensión, se van acumulando a lo largo del tiempo al capricho de su creador. El primer relato de Elric, La ciudad de Ensueño, es de 1961, y en estas pocas páginas encontramos al destronado monarca cuando, tras vagabundear por el mundo, vuelve las armas contra sus mismos compatriotas, como el Coriolano de Shakespeare, pero sin que le tiemble el pulso y acabando con el poder de su propia nación. No conoceremos el comienzo de la historia hasta la novela titulada justamente Elric de Melniboné, de 1972. En realidad, los lectores conocen muy bien las trágicas circunstancias de la muerte del emperador albino desde que apareciera la inolvidable novela Stormbringer, de 1965, publicada por tanto poco después de ese primer relato; una novela más cuidada estilísticamente que otras entregas previas y posteriores de las hazañas del protagonista.
Pero esta peculiaridad también dota al personaje de Elric de una aureola trágica aún mayor: por mucho que lo veamos agitarse, moverse de aquí para allá a lo largo de cientos de páginas, sabemos bien cuál será su final ineluctable y el de algunos de los personajes secundarios. No otra cosa sucede con Anakin Skywalker en las últimas películas de Star Wars.

Otras novelas, como las del ciclo de El bastón rúnico, protagonizadas por Dorian Hawkmoon duque de Colonia, no pasan de ser típicas narraciones de aventuras fantásticas, originales en cuanto a ambientación, pero siguiendo una línea convencional de género. Las dos trilogías de Corum, dejando aparte la sorprendente primera novela de la saga, resultan desconcertantes e irregulares: aventuras coloristas que fascinan quizás por su misma índole delirante (no en vano los tres primeros libros de la serie se publicaron en España en la colección “Delirio” del editor Francisco Arellano). Los libros de Corum contribuyeron a forjar una imagen de Moorcock como escritor “fumeta”, trabajando y fantaseando bajo los efectos distorsionadores de diversas sustancias (donde éstas habrían afectado también, negativamente, a la calidad de su estilo), imagen que (justa o no) le ha acompañado durante mucho tiempo.
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Simultaneando con estos mundos de espada y brujería, creó también al personaje de Jerry Cornelius, el cual abría una dimensión radicalmente diversa en su obra. Las novelas de Cornelius (cuatro, más algunos relatos) son un delirante despliegue de la imaginación pop más alucinógena. Un personaje sesentero y setentero, un dandy de hortera elegancia que deambula sin rumbo por un Londres reconocible y a la vez distorsionado por la imaginación (o la alucinación), colmado de personajes estrambóticos y animado por disparatados saltos narrativos. Imaginad el capítulo 15 del Ulises de Joyce sirviendo como plantilla para una saga de novelas, y así podréis haceros una idea de lo que son estas Crónicas de Cornelius que la editorial Minotauro publicó por estos lares en el 2003. Uno de los rasgos más definitorios del autor británico es el exceso, y aquí se encuentra tamizado por un humor sarcástico y surrealista. Las historias de Jerry funcionan como metaliteratura, como parodia de la misma concepción de "novela" y del "novelar"; resultan divertidas, inquietantes y angustiosas a partes iguales, constituyendo un reto para la capacidad de comprensión de muchos lectores y piedra de toque para su sentido del humor, el muy especial y en algunas épocas necesario "humor del lector". El esmero estilístico y escenográfico que otorgó a esta serie de narraciones hizo que muchos críticos comenzaran a reconocer en Moorcock una valía literaria que antes le habían negado. Tras las peripecias de este Bunbury inglés, que es capaz de morir y resucitar varias veces, o incluso cambiar de color (con pelo blanco y piel negra, como si de un negativo fotográfico se tratara) ya es difícil reducir a Michael Moorcock a simple autor de género… Además, ¿a qué género pertenecería Jerry Cornelius?

En la misma línea “corneliana” se situaría la estrafalaria novela El tiempo de los señores halcones, escrita en colaboración con un tal Michael Butterworth (no confundir con el guionista de cómics, autor del Imperio de Trigan), donde un grupo de rock en el que participa el propio Moorcock como personaje, logra salvar al mundo con los poderes que les otorga su música.

(Continuará…)


(Rodney Matthews es un gran ilustador y uno de los que han dado forma visual a los mundos creados por su amigo Moorcock)



(Matthews y Moorcock)

lunes, 21 de diciembre de 2009

Un poema invernal de Stefan George


Molino, detén los brazos,
el campo ha de reposar.
Aguarda el estanque brisas.
Cúidanlo lanzas brillantes.
Los arbolillos se hielan
como la retama blanca.

Blancos niños se deslizan
sobre los hielos del lago.
Tras la bendición regresan
al hogar sumido en rezos,
al viejo dios de la ciencia,
al viejo dios ansiado.

¿Vino un soplo por la tierra?
Apenas brillan las lámparas.
¿No fue como si llamase?
¿Recibieron a sus novias
negros, profundos gnomos?
¡Campana, toca! ¡Campana!
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(del libro Peregrinajes -Pilgerfahrten (1891)-,
colección Adonáis, ediciones Rialp, 1954)

(Cazadores en la nieve, de Brueghel el Viejo)

viernes, 18 de diciembre de 2009

Michael Moorcock cumple 70 años ( I )

(Feliz cumpleaños, maestro)

Los sueños de Ariosto son los que hoy nadie sueña… esto llegó a escribir en una ocasión el ultracitado Borges, quien no debía de tener noticia de los libros de un autor de literatura fantástica llamado Michael Moorcock.
El escritor británico (nacido el 18 de Diciembre de 1939) cumple 70 años, dejando tras de sí una estela multicolor, psicodélica, y una obra multifacetada y de difícil definición.
Fue en los años 60 cuando Moorcock se abrió camino en el género de “fantasy” con sus personajes atormentados, habitantes de mundos aventureros y excesivos. Su originalidad estribaba, en gran medida, en el abandono de una inspiración basada en mitos ya establecidos culturalmente, fijados por la historia y que eran recurrentes del género, en especial los mitos nórdicos, confiándose Moorcock para ello a su propia inventiva, su capacidad para describir mundos, naciones, castillos, criaturas, tramas y seres fantásticos. De ahí también su vehemente aversión hacia el autor más prestigioso literariamente dentro de este género: J.R.R. Tolkien. Sin embargo, Robert E. Howard (que sí merece la aprobación de Moorcock aun considerándole superado) adolecía también de esa fijación por el nordicismo que Moorcock abandona. Y a pesar de ello, cierta influencia de las leyendas célticas irlandesas y galesas alcanzó a la segunda trilogía que dedicó al personaje de Corum.

En los inicios de su trayectoria, Michael Moorcock estaba situado en el centro de múltiples confluencias: el mundo más pop imaginable, las bandas de rock británicas de la época (con varias de las cuales colaboró), el Londres de los 60 (el de Blow Up, de Antonioni), los fanzines, la temporal adscripción al anrcosindicalismo, las tareas como editor y animador literario, y por tanto aglutinador de nuevos nombres y responsable de habilitar las posibilidades para su difusión… Fue Moorcock quien lanzó a la fama a su gran amigo el recientemente fallecido J.G. Ballard, siendo por entonces Moorcock redactor de la decisiva revista “New Worlds”, impulsora del movimiento New Wave británico. Esta publicación aspiraba a dignificar definitivamente el género de ciencia-ficción en inglés, incorporando a sus argumentos todos los nuevos recursos y caminos estilísticos de la literatura más moderna. Los tentáculos de Joyce o Beckett podían llegar al fin hasta lejanos planetas o mundos imaginarios.
La carrera literaria de Moorcock ha atravesado diversas fases y ha sido marcada por su carácter prolífico en exceso, el apresuramiento de una escritura espontánea y desbordada en su imaginación, por su éxito de ventas y por su facilidad para diseñar situaciones propias de fantasía oscura así como escenarios y tramas de aventura.
Su obra se articula en torno a ciclos diversos basados en otros tantos personjes que para el autor no son sino las respectivas encarnaciones de un mismo arquetipo: un único héroe, en realidad, llamado “el campeón eterno”, que atraviesa eras, mundos y planos de espacio, condenado a una lucha sin fin. Ni siquiera los bandos en liza quedan definidos. No existe la lucha entre el bien y el mal, sino un tira y afloja eterno entre los principios de la Ley y el Caos, equipados con sus respectivos campeones y cuya propia lucha engendra el mantenimiento del Equilibrio de todo lo existente. La misma victoria de la Ley, o bien del Caos, significaría la extinción de un mundo. Para complicar más las cosas, hay personajes que en ocasiones se ven obligados, aun siendo vasallos del Caos, a luchar contra él con las mismas armas del Caos. Esta es la situación en la que el destino sitúa a veces al personaje más famoso del autor: Elric de Melniboné. Elric, el emperador albino, monarca de una cruel y dominadora nación en decadencia, es un personaje físicamente enfermizo y débil, unido fatalmente en relación simbiótica a su espada vampírica Stormbringer (Tormentosa): un acero negro que se alimenta de las almas de quienes caen bajo su filo y que comunica a su portador la energía vital de las víctimas. En ocasiones, Elric es poseído por la sed de la espada, en especial en medio de la furia del combate, cuando le domina la rabia de los berserker y apenas puede distinguir entre amigos y enemigos.

(Continuará…)




(Edición original de Stormbringer, publicada en español como Portadora de tormentas)



(ilustración para Marinero de los mares del destino, un gran libro para los aficionados al fantasy)





domingo, 27 de septiembre de 2009

LA CIUDAD de Ernst Von Salomon (y la nuestra)

(Von Salomon a los doce años, en la escuela de cadetes)

Ernst Von Salomon publicó su novela DIE STADT (La Ciudad) en 1932. Un monumental retrato del Berlín de entreguerras, espejo gigante de una nación postrada, hundida en la crisis económica y moral.
En este grueso libro, una mirada serena y severa reúne todos los fenómenos y personajes de aquellos años, el inmenso escenario y las figuritas que sufriendo y sucumbiendo lo pueblan: la revuelta de los campesinos nacionalistas de la región de Schleswig-Holstein, las depredaciones del tratado de Versalles, la miseria acumulándose sobre los hombros del pueblo, los intelectuales judíos liberales, las incursiones de las SA, las manifestaciones y algaradas comunistas, las calles en llamas, las celdas, los cabarets, los círculos de artistas bohemios, las buhardillas de los pintores, las modelos de los pintores, las almas perdidas en busca de respuestas siempre aplazadas… y sobre unos y otros, marcándolos a todos con el sello de las víctimas, una asfixiante techumbre de amargura.
Lamentablemente, esta gran novela de ideas no ha sido nunca publicada en castellano.
Traduzco según la edición francesa de la editorial Gallimard, (Collection L’Imaginaire), de 1986, pp.94-95:


“Ive no había temido jamás la soledad, pero en ninguna parte, ni siquiera en el frente durante la Gran Guerra, ni siquiera en su celda, había tenido ésta un carácter tan brutal, tan descorazonador como en la ciudad. Allí la soledad reinaba con exclusividad, era omnipresente. (…)

A menudo, en el curso de sus paseos nocturnos, se detenía ante los edificios de su barrio leyendo las innumerables placas que indicaban los nombres y la ocupación diaria de los inquilinos. Y descubrió que apenas existía un estado en la vida en el que aún no hubiera nada que perder: resultaba necesario que la pobreza pudiera siempre esconderse detrás de un oficio, pues de otra manera ¿cómo podrían si no todas las fortalezas de la miseria estar repletas hasta el techo de hombres que vivían en la loca ficción de una profesión, que vivían, que trabajaban, comían y engendraban?... ¿que vivían de un azar que habían encontrado en el camino y al cual se aferraban, sabiendo que era lo único que les permitía guardar las apariencias burguesas? Astrólogos y cazadores de ratas, agentes de todo y de nada, mercaderes de cabelleras y peluqueros de perros, cantantes ambulantes y buhoneros, hombres honestos sin esperanzas de éxito, que no tenían nada que perder y que a causa de esto no podían arriesgar nada excepto la conmovedora consciencia de ser muy útiles y la certeza de haber sido creados para algo completamente diferente.
Le sucedió también a Ive el ser arrebatado por ese sueño de las pequeñas gentes que se preguntaban qué harían si se hicieran ricas de repente; realizó su examen de conciencia y encontró que ese estado le resultaría en verdad agradable, pero que sustancialmente su forma de vivir no resultaría diferente. En todo caso, Ive se resistía a considerar la pobreza como un factor determinante, su fuerza era siempre más sentimental que heroica.
No eran los más pobres campesinos quienes se habían rebelado los primeros, sino los más ricos, y era sencillamente falso creer que el espíritu revolucionario de la clase obrera se reforzaría a medida que su situación económica empeorara: al contrario, el incremento de la miseria frenaba su radicalización. En ninguna parte de la Ciudad pudo observar Ive cuanto había esperado ver, es decir, un agravamiento estimulante de las contradicciones; por el contrario, la miseria creciente parecía favorecer la tendencia general, ya fuera tendente a descender o ya lo fuera a elevarse hacia una bella y apática mediocridad: los periódicos exaltaban este fenómeno relamiéndose, y lo denominaban una conquista de la democracia. (…)
La Ciudad, inmenso fenómeno, obligaba también a reconocer la inmensidad de su mentira; sus cines, sus diversiones, su publicidad y sus transportes públicos, todo lo que tenía de sensacional, todo simbolizaba la perseverancia laboriosa en el trabajo, síntoma de un proceso inexorable que lo arrastraba todo en su torbellino.”
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ESPAÑA, HOY: 18 % de paro.
Doblando la media de la “zona euro”.

En Aragón, las cifras se agravan. La juventud duplica el nivel nacional de la tasa de parados, como consecuencia (entre otras cosas) de la bajísima natalidad entre los españoles oriundos. La destrucción de empleo se cifra en un ritmo medio de 1250 puestos de trabajo al mes.





martes, 22 de septiembre de 2009

Forega dixit


Manuel Forega ha tenido la amabilidad de reunir los dos textos que escribió sobre mis libros en su blog http://forega.wordpress.com/. Aquí agrupa artículos de opinión y ensayos breves acerca de diversos autores. Yo destacaría, por ejemplo, los posts en los que se ocupa de Dolan Mor, Luis Alberto de Cuenca y Mariano Esquillor.

De los análisis que me dedica citaré aquí algunos pasajes, y reiteraré mi agradecimiento. El estudio sobre ROMA, Poema en prosa sirvió de texto para la presentación del libro, es minucioso y aclara muchas referencias presentes en la obra. Ambos escritos circulaban ya por internet desde hace tiempo, así por ejemplo en el blog de la Asociación Aragonesa de Escritores.




" (...) Insistiré: épica que se narra en un plural mayestático y en una primera persona heroica, nada de concesiones al él. Sobreviela asume el riesgo de autoafirmarse poéticamente, de ser y de existir en un paisaje con torres (¡cuánto habrían dicho Nerval y Nietzsche sobre esta torre imaginada!) como ergástulo de una vitalidad irreductible; un paisaje cercano, doméstico, con muebles y objetos sutilmente dispuestos como en una novela realista, o un paisaje donde arder los prados (es ésta metáfora inconclusa) a base de incendios corazonadores en los que la imagen cobra vida para ser interpretada; y con castillos sobre los que Mandiargues habría echado sus redes exegéticas. Es verdad que Sobreviela toma una distancia cultista, pero es éste un rasgo consciente que le otorga personalidad estilística y es, pese al esfuerzo que exige su lectura (compensado siempre que el lector se acerque a sus páginas con el mismo atrevimiento que el autor), la fuerza nuclear del texto. Una fuerza centrífuga, pues, desde ese yo incuestionablemente lírico, inunda de referencias, de símbolos riquísimos, de alegorías concertantes, un ámbito habitable que los impulsos de aquel corazón en apariencia distante, mueve fundado en su mejor imagen: el pedernal que apenas golpeado transmútase en fuego y, de fuego, en luz. (...)"


Leer más:

Ya había aparecido el año pasado en el mismo blog (http://forega.wordpress.com/2008/10/25/angel-sobreviela-epistola-desde-cimeria/). Pero queda muy bien junto al otro ensayo, diantre.




" (...) Dentro de este mundo referencial, Roma es naturalmente la protagonista, aunque se me antoja una ciudad cuyo visitante es hipotético; quiero decir que el poeta ha estado allí, hasta afirma con convicción que "La vida comienza hoy y en Roma", pero "tu dolor comienza hoy y en Roma". Dos afirmaciones muy significativas dentro del cuerpo textual por cuanto determinan la tarea del poeta, su trabajo hercúleo cifrado en poema, en un carmen que encarga a su alter ego: "Voy en tu busca, mi Eurídice" es una proposición con elipsis en la que el término elidido es naturalmente Orfeo. Pero el hombre que le antecede es y está de y en Cesaraugusta: Ángel Sobreviela no parece haber pisado esa Roma republicana y augustea en la que -nos dice el poeta- "Todavía hay belleza, pero ni un latido". Esa Roma de la piazza del Popolo, antigua Via Flaminia, y del Capitolio, colina rodeada por otra piazza diseñada por Miguel Ángel, revelaciones todas que entroncan con una disposición artística envuelta en la conciencia estética del hombre y de la que se sirve el poeta con la cita profusa de paisajes pictóricos, bóvedas, capiteles, arcos y columnas, manchas de color, brochazos negros, puntos de luz sobre gruesos empastes, pinceladas verticales, paredes barrocas…

Sin embargo, es Medusa la que marca el ritmo, Medusa la que de, cuando en vez, aparece con su mirada petrificadora. (...) Y termino: si la Roma de Sobreviela es una refundación desde la conciencia artística, una reconstrucción estética de la ruina, podemos preguntarnos: ¿es posible, realmente, una refundación? Desde la poesía, sí. Sólo la poesía es capaz de fundar a partir de la ruina, y esta Roma es la prueba."

(...)"

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